Todo se terminó.
El juego nuestro,
mío,
terminó.
Lo convertí en palabras
y la realidad apretó hasta ahogar
ese sueño, mío, de ti.
Pensé, la verdad que al convertirse en cierto
ese juego acabaría en caricias
y besos
o al menos
en un largo abrazo.
Pero todo terminó en un silencio
largo, tuyo
y una tristeza
larga, mía.