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Carolina le daba vueltas al iphone en sus manos con gran destreza mientras pensaba en esa última vez que había visto a Jota. Sabía que algo se traía. Jota nunca era tan despistado y esa mañana ya había regado el café, había perdido por minutos las medias y se demoró en encontrar las llaves de su carro. “Jota, te quiero.” fue lo último que le dijo. Uno cuando se despide tiene la rara sensación de que sabe cuánto va a durar la ausencia. Pero la realidad es que nunca se sabe. La ausencia de Jota ahora ya era cierta y definida. Eso tiene la muerte. Nos define, por ejemplo, nuestra ausencia. O la ausencia de otro. “Adiós amor” dijo Jota. Sonrió. Una sonrisa de esas que se dan para decir que en un rato nos vemos. Pero ya no verá a nadie más. Ya sus ojos se cerraron y se llevaron lo que había visto. Pero lo último que vio no fue a Carolina. Después de despedirse de ella, se habría visto con Laura. Y claro, habría visto a mas gente en su camino a donde Laura. Al señor que paseaba los perros siempre a la hora que Jota salía para su oficina. También habría visto a la vecina que a veces lo llevaba a él. Pero no hoy. Hoy él necesitaba el carro. “para una cita con una gente.” le había dicho a Carolina. La “gente” era Laura. Carolina sabía que esa gente era una amante que tenía. Pero no sabía que era Laura. Habría visto también al vigilante del edificio de Laura. Habría visto al perro de Laura, Rafael. Habría visto mucha gente y muchas cosas más, pero ya, ahora ya no vería más. Seguro vio al conductor del carro que lo golpeó por el lado. Seguro que alcanzó a verlo. Alcanzaría a darse cuenta de que se iba a morir? Será que Carlos habría pensado en esos segundos en los que su carro era golpeado y se desplazaba sin control contra ese poste, que estaba muriendo? O bueno, que se iba a morir ahí? “Qué había pensado?. Habría pensando en mi? O en Laura? O en Carmen? Seguro pensó en su mamá. Siempre pensaba en Cecilia. Jota era muy buen hijo. Cecilia aun no sabía sobre Jota. Había que llamarla.” Nadie la iba a llamar porque Jota tenía el numero de teléfono de su mamá guardado en su teléfono y lo había dejado en casa olvidado. Estaba Carolina dándole vueltas en su mano con gran destreza.
"Jota ya está muerto. Ya no pasaría nada más. Ya no verá más a Laura, ni a Carmen. Pero me atormenta sentir esa tremenda tristeza y a la vez esa rabia. Uno no debe sentir rabia con los muertos. Eso debe estar mal. Pero siento rabia." Le dijo Carolina a una amiga con la que habló en ese momento. Colgó su llamada, se limpió las lágrimas de la cara, se acomodó los lentes oscuros y tomó la cartera. Salió como si fuera tarde. Salió sin detenerse a nada. Tomo el celular de Jota y lo echó en su cartera con rabia. Por momentos sentía ganas de entregarle el celular de Jota a la policía. "Ahí está todo. A veces siento que es justo conmigo, con los niños y con Jota, dejar todo así. Había tenido suerte Jota. Murió sin que lo descubriera la policía. De buenas. Pero muchos dirán que lo correcto es entregar este maldito teléfono a los de la policía y que ellos investiguen y encuentren. Y qué? Qué haré yo si no tengo nada? Si Jota no nos dejó nada?” Hablaba en voz alta dentro del carro. Ahí cuando uno va concentrado y se le olvida que el resto de la gente va en el tráfico viendo a los demás conductores. Es como ver cortos de muchas películas. Cada uno viviendo su película. Al mismo tiempo sin conocerse. Historias que muchas solo se cruzarán en eso, en el tráfico, siendo observadas desde afuera sin certeza de lo que pasa, solo interpretaciones.
“Bogotá de mierda! Tráfico de mierda!” Dijo y yo que iba justo pasando a pié junto a su carro, logré leerle los labios. Me sonreí y traté de mirarla a los ojos pero no sería hasta muchos meses después que ella y yo hablaríamos. Ella todavía no sabía que iba a ser yo la cura para ese tapón que se le formaba en el pecho por no poder decir todo lo que sabía. Ella no sabía que iba a ser yo quien la liberara de ese peso. Tal vez si hubiese sabido, nunca me hubiera hablado? No sé. Pero finalmente ella pudo soltar todo ese asunto de Jota. Seguro no salió todo como ella quería, pero cuando si? Ahora ya el teléfono de Jota no existía más y todas las historias que se armaban desde sus chats y fotos, y correos y audios y playlists, todas, quedaron lavadas en las aguas de la canalización de la Av. Jiménez en el Centro de Bogotá. Ya solo Carolina y yo, sabremos lo que pasó, lo que pasaba. Frágil memoria y frágiles los contenedores. Mortales, débiles. Nos llevaremos esa historia hasta que la olvidemos o hasta que un día nos despidamos sin saber hasta cuando y sea hasta siempre.